Durante el tratamiento oncológico, especialmente en personas que reciben quimioterapia, es frecuente experimentar cambios en el sentido del gusto. Algunos alimentos pueden sentirse distintos, con sabor metálico, amargo o incluso perder completamente su sabor habitual. Esta situación, aunque común, puede ser frustrante y afectar la alimentación y el bienestar general.
Junto a nuestra nutricionista Camila Oporto, abordamos este síntoma para entender por qué ocurre y cómo enfrentarlo de mejor manera.
¿Por qué se produce la pérdida de gusto?
La quimioterapia actúa sobre células que se dividen rápidamente, como las células cancerosas, pero también puede afectar las papilas gustativas y las glándulas salivales. Además, otros factores como la sequedad bucal, las náuseas, infecciones bucales o ciertos medicamentos asociados al tratamiento pueden intensificar estos cambios.
Estos efectos pueden aparecer durante el tratamiento y, en la mayoría de los casos, son transitorios, aunque su duración varía en cada persona.
¿Cómo puede afectar la alimentación?
Cuando los alimentos pierden sabor o resultan desagradables, pueden producirse los siguientes efectos:
Ingesta insuficiente de calorías y nutrientes, impactando la energía, el peso y la recuperación del paciente.
Disminución del placer por comer y reducción de la cantidad de alimentos consumidos.
Menor adherencia a alimentos ricos en proteínas, afectando el estado nutricional general.
Por eso, abordar este síntoma de forma oportuna es clave para mantener una nutrición adecuada durante el tratamiento y evitar un impacto directo en la calidad de vida.
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¿Es reversible?
Camila nos asegura que, en muchos casos, esta alteración mejora tras finalizar el tratamiento. Algunas personas logran una recuperación parcial en pocos meses, mientras que en casos más complejos la normalización puede tardar hasta 12 meses.
Estrategias para lidiar con la pérdida de gusto
Algunas recomendaciones que pueden ayudar son:
Probar distintas texturas, temperaturas y preparaciones.
Usar hierbas, especias suaves y aliños naturales para realzar sabores.
Preferir alimentos fríos o tibios si los calientes resultan molestos.
Incorporar salsas naturales o aderezos caseros.
Mantener una buena higiene oral antes y después de las comidas.
Fraccionar la alimentación en porciones pequeñas durante el día.
En algunos casos, utilizar suplementos nutricionales (siempre bajo supervisión médica y/o nutricional).
Si existe sabor metálico:
Utilizar cubiertos de plástico.
Evitar carnes rojas solo si generan rechazo y reemplazarlas por pollo, pescado, pavo, huevo o legumbres.
Cada persona es distinta, por lo que estas estrategias deben adaptarse de manera individual. Por ello, es de gran relevancia realizar una evaluación nutricional temprana para evitar deterioros nutricionales asociados a diversas sintomatologías.
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¿Tiene tratamiento?
No existe un tratamiento único para la pérdida de gusto, pero sí un manejo nutricional personalizado que puede marcar una gran diferencia. La evaluación con un nutricionista permite ajustar la alimentación según los síntomas, prevenir déficits nutricionales y mejorar la experiencia alimentaria durante el tratamiento.
Además, es fundamental comentar estos cambios con el oncólogo tratante, ya que forman parte de los efectos secundarios del tratamiento y pueden requerir un abordaje conjunto.
Acompañamiento profesional
En Oncovida, entendemos que los efectos del tratamiento pueden impactar la vida diaria. Por eso, nuestro equipo de nutrición acompaña a pacientes y familias, entregando orientación práctica y personalizada durante todo el proceso.
👉 Si estás experimentando cambios en el gusto, te invitamos a agendar una evaluación nutricional y conversar este síntoma con tu oncólogo.
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